Cerebro y vagina

CEREBRO Y VAGINA VAN JUNTOS

En los últimos 20 años de consulta, no he visto grandes cambios, en cuanto a la evolución sexual de las mujeres. El grado de satisfacción no mejora en el colectivo femenino, lo cual sorprende, dada la facilidad que existe hoy en día para conseguir información, así como el nivel actual de apertura y libertad. Alguna cosa va mal para millones de mujeres en relación a su sexualidad, como demuestran numerosas encuestas a nivel mundial. Los trastornos del deseo sexual hipoactivo, están a la orden del día, impidiendo la felicidad de las mujeres en sus relaciones sexuales. Podríamos hablar de una depresión sexual como dice Naomi Wolf en su reciente libro, Vagina.

Han aparecido nuevos conceptos después de Masters y Johnson sobre los centros de placer en el cuerpo de la mujer, que concluyen en clítoris, vagina y cuello uterino, pero hay estudios que demuestran también la relación importantísima entre mente, corazón y cuerpo. Algunos autores confirman que las primeras relaciones sexuales dan lugar a un “mapa del amor”, determinando en gran manera el futuro de satisfacción de las mujeres, así como de su expresión con las nuevas parejas.

Los efectos terribles psicológicos que pueden acontecer después de mutilaciones, heridas o incapacidades en una guerra, nada tienen que ver con los desencadenados después de una violación. Las vaginas desgarradas, dan lugar a un tipo de dolor muy diferente al de otras heridas, más profundo, con consecuencias gravísimas en el cerebro de la mujer.

Si buscamos entre las sustancias químicas encargadas de nutrir las diferentes fases del deseo, comprobamos que la dopamina y la oxitocina están presentes en el proceso y estudiando los efectos de la primera veremos que puede utilizar su capacidad también en otros terrenos personales, como la confianza, la autoestima o la creatividad. La oxitocina es la hormona del abrazo, de la felicidad y del apego, la que actúa en el amor romántico, en el orgasmo, en el postparto y en la lactancia. Las vaginas sanas están activadas por ambas sustancias, a las que se les unen los opioides, en el momento del orgasmo.

Parece ser que el recorrido en busca de la felicidad sexual de las mujeres , está pasando por el cerebro y por los mapas forjados en cada relación, determinando el grado de aceptación de una misma, de la capacidad de respuesta y de la creatividad a nivel tanto personal como profesional.

La autoculpabilidad por la falta de líbido debería revisar primero el histórico personal, así como posibles lesiones en el nervio pélvico, de lo que hablaremos próximamente.

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